No hablo con sordos
August 22, 2018
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August 21, 2018
 

Fragmento

“Cuando llegó el momento fatal, se le doblaron las patas y cayó al suelo. Fue como si el aire mismo lo aplanara, y durante unos minutos quedó tendido entre tapones de botellas y latas de cerveza vacías, incapaz de moverse. Tenía la impresión de que se iba a desintegrar, de que se le iban a escapar los fluidos vitales, y cuando se quedara seco del todo se convertiría en un montón de rígidos huesos, en un pedazo de algo que fue perro pudriéndose bajo el sol de Maryland. Luego, de forma tan inesperada como se había presentado, la pesadez empezó a desaparecer y sintió que la vida renacía en su interior. Pero ahora Míster Bones quería morirse, y en vez de levantarse y alejarse del lugar donde había sentido la muerte de Willy, se echó de espaldas y extendió las patas, poniendo al descubierto la garganta, el vientre y los genitales. En esa posición era sumamente vulnerable a cualquier ataque. Despatarrado con la inocencia de un cachorro, esperaba que Dios lo fulminara con la muerte, plenamente dispuesto a ofrecerse en sacrificio ahora que su amo había desaparecido.”